Los Tres Sistemas de Regulación Emocional en la Terapia Centrada en la Compasión (CFT)
Los tres sistemas de regulación emocional explican los fundamentos del comportamiento humano según las investigaciones realizadas por las neurociencias en el último tiempo.
TERAPIA CENTRADA EN LA COMPASIÓN
Cristián Alarcón G.
3/22/20256 min read
En este artículo expondré un modelo que es medular en Terapia Centrada en la Compasión (CFT) para lo cual me basaré principalmente en las enseñanzas de su fundador, el psicólogo Paul Gilbert.
Los 3 Sistemas de Regulación Emocional explican las bases del comportamiento humano a partir de la investigación realizada en el campo de las neurociencias en los últimos 30 años.
Este modelo da sentido al desarrollo de nuestras mentes y emociones como resultado del proceso evolutivo, ayudándonos a entender que muchos sentimientos, deseos y fantasías no son una expresión fallida de nuestra emocionalidad, sino parte de la herencia filogenética y han contribuido a que la especie humana alcance el sitial de privilegio que ocupa hoy dentro del reino animal.
Este marco es compartido con los pacientes en la etapa inicial de la psicoterapia con el propósito de facilitar su comprensión respecto a sus propios sentimientos y contribuir al desarrollo de sus habilidades de autorregulación emocional. El conocimiento acerca de cómo funciona el cerebro -especialmente el sistema de amenaza como veremos- ayuda a las personas a reducir la culpa respecto de sus síntomas.
Tres Sistemas de Regulación Emocional
Según Gilbert, nuestras metas y motivaciones bio-sociales (sexo, estatus, vínculos y logros) están guiadas por emociones. Su éxito implica la descarga de emociones positivas, mientras que los obstáculos a su satisfacción generan emociones basadas en la amenaza.
En este sentido, se ha observado que nuestro cerebro contiene, al menos, tres sistemas de regulación de emociones. Cada uno de ellos está diseñado para cumplir una función distinta, pero a su vez, trabajan en conjunto y se equilibran entre sí.
Sistema de Amenaza y Autoprotección
La función del Sistema de Amenaza y Autoprotección es detectar y seleccionar rápidamente amenazas a nuestra integridad o la de nuestros seres queridos (familia, amigos, grupo de referencia) para elegir una respuesta que nos brinde protección y seguridad.
Amenazas tales como la posibilidad (real o imaginada) o el hecho de que nos abandonen, perder el trabajo, la enfermedad de un hijo, que los otros tengan una opinión negativa de nosotros, que nos roben en la calle, que nos engañen, que haya quedado abierto el gas de la cocina, estar en espacios cerrados, en fin, bajo su influencia sentimos emociones tales como ansiedad, ira o disgusto y se producen distintos tipos de respuestas:
Conductuales: las más típicas son lucha o ataque, huida, sumisión, parálisis y protección de los más vulnerables.
Neurofisiológicas: descarga de adrenalina y cortisol, entre otras.
Físicas: por ej., aumento de la frecuencia cardíaca, sudor, náuseas, tensión muscular.
Mentales: “mentalidad de amenaza” que incluye, entre otros, pensamientos rápidos, atención focalizada, escaneo del ambiente, motivación por defenderse.
Muchos pacientes llegan a consultar por una hiperactivación del sistema de amenaza con síntomas tales como estrés, ansiedad, fobias, insomnio o dificultades para controlar la ira.
Normalmente la respuesta del sistema es automática porque es activado por una estructura cerebral denominada amígdala, que funciona como un interruptor On/Off. La reacción puede alcanzar rápidamente una alta intensidad si es que no se cuenta con las capacidades de autorregulación necesarias. En este sentido, el sistema funciona con la lógica de “es mejor asegurarse que lamentarse”, por lo cual las personas casi por regla general desarrollarán comportamientos defensivos o evitativos ante cualquier situación de riesgo potencial.
Dado que evolucionó como un sistema de protección, el cerebro da prioridad a las amenazas antes que a las emociones placenteras, motivo por el cual puede consumir mucha energía mental. Si a esto agregamos las capacidades de fantasear, construir significados y rumiar que son propias de nuestra corteza cerebral, es muy fácil quedarnos atrapados en preocupaciones, pensamientos repetitivos y/o autocríticas.
Pero recordemos que no todo es malo con este sistema, Russell Kolts indica que cuando se encuentra “en equilibrio con los otros dos, nos ayuda a alertarnos de potenciales amenazas y obstáculos con los que tenemos que enfrentarnos para mantener nuestras vidas moviéndose en la dirección deseada”.
Sistema de Logro
De acuerdo con Gilbert, el sistema de logro tiene la función de “brindarnos sentimientos positivos que nos guíen, motiven y animen en la búsqueda de los recursos que vamos a necesitar para sobrevivir y prosperar”. En la vida cotidiana se traduce en que nos activa y orienta en la obtención de cosas agradables para nuestra subsistencia, como por ej. alimento, sexo, comodidades, amistades, estatus y reconocimiento.
Emociones tales como desear conseguir un objetivo, perseguir una meta, el entusiasmo o la ambición por lograr un resultado esperado son propias del sistema de logro. La emoción y energía activadora relacionada con por ej. comprar una casa, salir de viaje, realizar una conquista amorosa y/o conseguir un ascenso en el trabajo son sus expresiones cotidianas.
La dopamina cumple un rol relevante ya que nos alerta de oportunidades para obtener metas y recursos, nos ayuda a focalizar y mantener nuestra atención en obtenerlos y está asociada con experiencias de placer cuando se logran estas metas.
Una hiperactivación de este sistema se puede traducir en estados maníacos o adicciones a drogas, juego, sexo o trabajo, y una hipoactivación (por ej. por dejar una meta o persistir en metas no alcanzables) normalmente se manifiesta como estados depresivos.
La frustración de la satisfacción de las necesidades relacionadas con este sistema, por lo general, activa el sistema de amenaza (ansiedad o frustración-ira).
Sistema de Calma
Continuando con Gilbert, la función de este sistema es aportar calma, tranquilidad y paz a nuestra experiencia, contribuyendo al restablecimiento del equilibrio frente a las vicisitudes generadas por la activación de los otros dos sistemas o por dificultades asociadas su propio funcionamiento, por ejemplo, en el caso de una pérdida amorosa o la partida de un ser querido.
Emociones que corresponden al sistema de calma son sentirnos seguros, satisfechos, aceptados, protegidos, cuidados y/o contentos.
Hay dos condiciones principales que facilitan alcanzar estados de calma:
Cuando no tenemos que defendernos de ninguna amenaza, ni conseguir o hacer nada porque tenemos lo suficiente para cubrir nuestras necesidades.
Cuando contamos con relaciones que nos dan tranquilidad, seguridad y afecto.
A diferencia de la “mentalidad de amenaza”, bajo estados de calma y seguridad podemos “experimentar una atención relajada y reflexiva, y tendemos a explorar, ser prosociales y altruistas”.
A nivel hormonal y de neurotransmisores, las endorfinas y la oxitocina contribuyen a la experiencia de sentimientos de tranquilidad y seguridad. Por su parte, la oxitocina se encuentra más asociada a los contextos sociales y amorosos, proporcionando sentimientos de bienestar que provienen del hecho de sentirse querido, deseado y seguro con los demás, lo que reduce el distrés (estrés negativo).
El sistema de calma es fundamental para el desarrollo de la compasión y el procesamiento de las amenazas en la amígdala cerebral.
Algunos aspectos clave
Tal como se mencionó inicialmente, los 3 Sistemas de Regulación Emocional tienen funciones diferentes, pero trabajan de manera coordinada y se regulan entre sí. Los desajustes por hiper o hipoactivación entre ellos contribuyen a la aparición y mantención de diversas condiciones de malestar emocional.
Es importante recalcar que muchas emociones desagradables (ira, angustia, miedo, tristeza y otras) son parte de nuestro repertorio emocional normal, ya que cumplen un rol protector. Sentirlas de vez en cuando es totalmente esperable y sano, y debemos aprender a aceptarlas, tolerarlas y procesarlas. El problema se genera cuando adquieren protagonismo y arrastran consecuencias negativas para nuestra salud mental en la forma de los trastornos mencionados en el transcurso del artículo.
En ocasiones, las condiciones en que nos encontramos pueden ser complicadas (por ej. un entorno violento o una relación de pareja abusiva) y las respuestas que manifestamos son las esperadas (ansiedad y/o tristeza), pero dadas las circunstancias y que no es posible modificar el estímulo que las provoca (entorno o pareja en este caso), se vuelven disfuncionales para la salud mental.
Por último, nuestra sociedad sobre-estimula los sistemas de amenaza y logro. Basta ver las noticias o pensar un poco en cuales son nuestros próximos objetivos, y nos daremos cuenta que existe una percepción bastante difundida de que vivimos en un entorno amenazante por la delincuencia, las dificultades económicas, problemas de relaciones, etc. y que las metas que buscamos normalmente implican un consumo significativo de recursos económicos y energía mental (éxito laboral, vivienda, viajes, conquistas amorosas, colegios, universidad, etc.). Todo lo anterior, provoca una sobre exigencia a nuestro sistema de calma y conexión que no da abasto para la saturación de demandas, necesidades y dinámicas personales y sociales que debemos cubrir.
Exploración personal
Luego de leer el artículo:
¿Cómo se encuentra cada uno de tus sistemas de regulación emocional?
¿Qué estímulos causan que cada uno de ellos se encuentre así?
¿Están equilibrados o algunos tienen mayor influencia que otros en tu vida actual?
¿Qué puedes hacer (agregar, eliminar o cambiar) en cada uno para sentirte mejor y provocar sinergias positivas entre ellos (por ej. hacer algo relacionado con el sistema de calma para relajar los sistemas de amenaza y/o logro)?
Bibliografía
Brito, G. (2020). Apuntes de clase del Programa de Formación en Terapia Centrada en la Compasión.
Gilbert, P. (2015). Terapia Centrada en la Compasión. Editorial Desclée de Brouwer.
Gilbert, P. (2018). La Mente Compasiva. Editorial Eleftheria SL.
Kolts, R. L. (2016). CFT Made Simple: A Clinician's Guide to Practicing Compassion-Focused Therapy. Oakland: New Harbinger


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